Manejanding por Alemania

La ciudad donde trabaja Klaus está más bien lejos de Braunweiler, y bastante a contramano en transporte público. Así que, si bien la primera vez se fue en tren, ya la segunda fue llevado o estaba la posibilidad de usar uno de los dos autos de mis cuñados.
El viernes no estaba esa posibilidad, porque había que llevar al enano al doctor (control nomás). Pero el doctor estaba en Bad Sobernheim, donde trabaja mi novio, así que fuimos en manada a dejarlo en el trabajo y luego a la clínica.
(Por qué fui yo? Porque mi cuñada y su marido me llevan a todos lados que pueden. No son lindos?)
Claramente una mujer y un hombre entrando con un niño en brazos se asume que son los padres, así que tras dirigirme varias preguntas (y yo asentir y sonreír, que es mi respuesta cuando me hablan en alemán, una muy mala por cierto), Peter explicó que no era la madre y el día se desarrolló con tranquilidad.
El problema fue a la tarde, cuando me pidieron que fuera a buscar a Klaus… en auto.

El GPS (Navi en alemán) se lo había llevado mi cuñada en el otro auto. Pero no desesperé e intenté usar Google Maps… que me mostró la línea celeste de la ruta, pero no el mapa. Así que le di a Maps.me otra oportunidad.
Crecer en San Justo y su vertiginosa altura de 14 msnm no te prepara ni física ni mentalmente para sobrevivir en un terreno lleno de colinas como en el que me encuentro. Con subidas y bajadas más que abruptas en algunos casos, vivo con los oídos tapados… y descubriendo a tropezones que manejar en llanura no es lo mismo que en altura.
Después de que se me frenara el auto por completo en una subida y sentir la velocidad tras bajar sin cambio, la siguiente dificultad no vino por la geografía sino por lo cultural: los alemanes aman manejar rápido. Obvio que sí, para qué sino se compran tanta alta gama descapotable? (Ya vi en vivo lo mal que la están pasando los descapotables con el exceso de lluvias… pobre, me dio pena).
Para una persona como yo, nerviosa al volante, leer que la velocidad máxima es de 120 y sabiendo que a los demás les gusta superar los límites, verlos sobrepasarme en la autopista fue alterante. Aaaah, y en la autopista también hay subidas y bajadas! (Pero no hay peajes, te lo descuentan del sueldo. Se quejan de pagar impuestos por casa? Acá el Estado se queda con casi la mitad de tu sueldo! Pero se invierte bien, cabe aclarar…).
Para más estrés, obviamente llovió y obviamente el GPS me mandó a la otra punta del pueblo, pero por suerte se confundió dentro de Bad Sobernheim. Si era antes estaba al horno.
Resumiendo: sobreviví.
La segunda vez que lo fui a buscar no fue tan malo… igual me perdí otra vez.

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