Una Noche de Terror

Me mandaron a sacar la basura.
“El tacho está abajo, en la puertita chiquita al lado del portón”.
Bajé, dejando la protección de la luz en la ya cerrada noche alemana. Escuchando de fondo los gritos por un partido que augura un trágico final, aunque cuanto más me acercaba al galpón, menos ruidos se escuchaban.
La luz de la vecina de abajo estaba prendida, pero lo asumí como normal; ella vive ahí, es obvio que tiene luces prendidas.
Abrí la puertita chiquita, y las luces automáticas que se habían prendido a mi paso se apagaron de pronto. Di vuelta, en el tacho que asumí era el correcto, el cesto de basura que yo llevaba en las manos. Escuché un ruido fuerte cayendo en el cesto y dije “me chupa tres huevos todo, quiero salir de acá!!!”.
Escuché pasos cerca mío.
Es la vecina. Es la vecina. Es la vecina.
Cerré la puertita y en la luz que salía de la casa de la vecina se vio la silueta de un hombre.
Es el dueño. Es el dueño.
El hombre, alto y ancho, llevaba un delantal blanco…
… cubierto de sangre.
Si no te movés no te ve. Si no te movés no te ve.
En un alemán lento, que igual no entendí, me dijo algo y le respondí “ICHKANNKEINDEUTSCH”.
Repitió lo que dijo antes, pero esta vez hizo un gesto de rifle con las manos. Jaló el gatillo imaginario, y sonrió con orgullo.
Y noté el charco de sangre a sus pies.
Imaginé un cuerpo humano detrás de él, abierto por un enorme agujero de bala justo en la cabeza.
Vi mi vida pasar ante mis ojos, y cuando me hizo gestos con la mano de que me acerque, sentí el bombeo de mi corazón resonar como un pitido agónico en mis orejas.
Y vas a ir, boluda???!!! Cómo un loco ensangrentado te hace gestos y vos vas???!!! TIRALE EL TACHO A LA CARA Y CORRÉ!! NO VUELVAS A LA CASA, NO ES SEGURO, CORRÉ Y HASTA LAS CANARIAS NO PARÁS!
Arrastré los pies…
… y entré al cuarto blanco.

Bajo la luz blanca, reconocí a Manfred, el dueño de la casa de mi cuñada, y con una sonrisa orgullosa que le llegaba hasta los ojos me mostraba el venado que, boca abajo colgando de unos ganchos, había cazado hoy mismo.
Con las manos agarró el hígado que ya había sacado del cuerpo y me preguntó si Petra no lo querría.
“Sí… Petra… le pregunto, Ich le frago al toque…”

El desenlace podría haber sido mejor igual…

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