El Enano y Yo

La semana pasada me habían pedido si podía ir a buscar al enano al jardín. Por supuesto que accedí… pero sabía que el enano no iba a estar tan contento…
Ni bien entré a buscarlo, me crucé con una manada de diminutos rubios todos iguales. Entré en pánico pensando que no lo iba a reconocer.
Una maestra me vio deambulando y cuando me habló le dije, obvio, Ich kann kein Deutsch. Le dije el nombre del enano y me mostró dónde estaba sentadito. Cuando me vio, empezó el drama.
Dónde está el papá? Yo quiero que venga el papá, no me quiero ir CONTIGO!!!
Pensé que los demás iban a creer que me lo quería secuestrar. Menos mal que nadie entiende español.
Habré tardado 15 minutos hasta que lo convencí de ponerse los zapatos (andaba con unos zapatitos para el arenero que le dan en el jardín), ponerse la campera, la mochila, el casco y salir. Cuando le dije “ponte la mochila!” un niño que estaba al lado nuestro sonrió de oreja a oreja y susurró con un marcada acento: mochilaaa. Hubiera hecho algún comentario al respecto si el enano no me hubiese dado tanta batalla para salir.
Fuimos a buscar su bicicleta (que estuvo toda la mañana en la puerta, sin cadena. Primer mundo, señores!), se subió… y no iba a andar. No, no y no, no hasta que viniera el papá.
Menos mal que no dejé la comida al fuego, porque esto hubiera tenido un final catastrófico.
Tuve que mentirle y decirle que el papá nos esperaba en la casa; prefería tenerlo llorando desconsolado por la traición en la casa que pataleando en la calle.
Para colmo, al mejor estilo Hollywood, estaba por empezar a llover.
Lo arrastré una cuadra, quedaban 6, así que se me ocurrió una idea brillante: le ofrecí sacarle fotos con el celu (que había venido conmigo para ver si atrapaba algo, pero no hay pokemons en Braunweiler).
Lo empujé contra un cantero, le dije “sonríe!”… y 10 fotos después llegamos a la casa. Sin más llanto!
Por suerte el padre llegó 10 minutos después y todos contentos.

… y ayer me pidieron que hoy lo fuera a buscar otra vez.
Yo sufrí ante la idea, pero a diferencia de la semana pasada, esta vez le dijeron al niño que yo iba a ir, para que no hubiera desagradables sorpresas al momento de la verdad. Increíble pero cierto, cuando le dijeron la novedad el enano la celebró, con un grito de “vamos a hacer fotos!”. Me pregunté si la emoción le iba a durar hasta hoy…
Entré al jardín y al grito de “CANDE!” vino corriendo y me abrazó. Y a vo’ qué te pasó?, le dije, mientras en alemán gritaba “wir machen fotos! wir machen fotos!” (se lee Via majen fotos).
Poniéndole los zapatos, le tironeó la ropa a la compañerita al lado de él y le dijo “wir machen fotos!”. Antes de salir, le dijo a la maestra: “Tschüss! Wir machen fotos!”.
Así que nos sacamos muchas fotos. Y jugamos a (esta es mi parte favorita) “corre Cande y yo te atrapo”. Así que corrí 6 cuadras!
Agotada, transpirando, tranquilos y en paz, comimos lo que había preparado antes de salir.
Y nada estuvo ikitikit hoy.

#TeQuieroCuandoTePortasBien

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