Llevo muchos Wochenenden en Alemania

Volumen V

(Para darle un tono especial, se lee Volumen Ve)

El fin de semana pasado fue tranquilo y casi ni salimos (excepto para comprar zapatos para mi concuñado, que fue una excursión de día completo de toda la familia pero no muy interesante… salvo porque atrapé un Pidgeot!), pero este finde… este finde volvió a ser como los anteriores!

El sábado me había comprometido a hacer tostadas francesas para el desayuno, y como siempre se levantan todos antes de las 8 decidí levantarme más temprano para tenerles el desayuno listo… pero ni loca me iba a levantar a las 7 un sábado, así que me levanté ocho y media (lo pongo en letras para que lo lean así, y no ocho treinta! Por qué? Porque me gusta ocho y media!!).

Así que sonó el despertador, me levanté… y no había nadie levantado aún, aunque se escuchaban murmullos arriba. Empecé a preparar la cocina para hacer las tostadas cuando escuché a mi cuñada arriba diciendo “ve, ve, pregúntale a la Cande qué está haciendo…”. Así es como los padres de hoy en día se deshacen de sus laborales.

Mientras el enano dibujaba o me hacía muchas preguntas (y por qué estás haciendo eso, cómo se llama eso, qué son las tostadas francesas, por qué, y ahora qué hacés…), terminé las tostadas, preparé la mesa, lo vestí (había bajado en el pijama con patitas más tierno de la historia) y despertamos a todos los cochinos que me despiertan todos los días a las 7 de la mañana y ese día tuvieron el descaro de quedarse en la cama.

Desayunamos, conversamos y nos pusimos a hacer distintas cosas. Yo me preparaba a dormir mi primer siesta del fin de semana cuando mi cuñada asomó la cabeza por la puerta, preguntando si queríamos ir en ese momento a la fiesta medieval de un pueblo cuyo nombre no retuve.

Dijimos que bueno. Se fue. Volvió. Le daba lata ir en ese momento. Se fue. Volvió. Podemos ir con mis sobrinos? Se fue. Volvió. Vamos a la tarde. Se fue. Volvió. A almorzar. Se fue. Volvió. Salimos en 15.

Llegamos a no sé dónde justo cuando comenzaba el desfile de los locales vestidos semi medievales (semi, porque no había esas Nike en esa época, caballero). Fuimos con Klaus, mi cuñada, el enano y tres de los cuatro primos paternos del enano (entre 12 y 6 años). Long story short: solo uno habla un poco de español, así que mi interacción con los Kinder fue reducida.

El pueblo se había llenado de stands con toldos y carpas de tela y maderas, algunos simples y otros muy elaborados. Banderines de colores, cubos de paja…

El desfile terminó en el centro, frente a las mesas y bancos y a los puestos de comida. Uno de los hombres agarró una especie de rollo de pergamino y dio la bienvenida. Lo divertido fue que en un momento empezó a llamar a las familias/asociaciones por su nombre y los miembros de ese grupo gritaban, vitoreaban y festejaban más como espartanos que como caballeros medievales.

Quien hacía de presentador agradeció la presencia del fraile, y golpeando su enorme barriga hizo un comentario gracioso sobre el destino del diezmo.

Después de la plegaria del día, nos dio permiso para disfrutar del festival.

En los distintos stands encontrabas licores caseros, arte en vidrio, arte en arcilla, vestimenta de la época, exposición de armas, músicos, armas de juguete, tejidos, lanas, arquería… de todo!

Lo más llamativo era que detrás de los stands se alzaban carpas, donde los distintos grupos dormían. Así es: estaban allí instalados, vaya uno a saber hacía cuánto. Algunos eran verdaderos campings, pero otros eran carpas descomunales con camas de madera dentro… así cualquiera acampa!

Pasamos el día siguiendo las andanzas de los niños: comer, vestirse como caballeros,  comprarse espadas de madera, modelar con arcilla, comer, lucha con espadas…

A esta última le voy a dar especial atención porque fue algo espectacular!

Fuimos todos invitados por un grupo de caballeros a un campo donde dos facciones empezaron a luchar, saliendo victorioso el equipo rojo. Como el azul había perdido, los caballeros se cambiaron de bando abandonando a su líder, quien pidió ayuda a los niños allí reunidos para ayudarlo a defenderse del enemigo. Otro hombre empezó a repartir entre los más chicos espadas de globo y/o de espuma (aka, flota-flotas en Argentina).

A la cuenta de tres, los niños se arrojaron contra los caballeros… y menos mal que tenían cota de malla porque les dieron para que tengan, guarden y archiven! Un caballero intentó esconderse en el campo de trigo y fue perseguido por 5 enanos, uno de los cuales logró vencerlo arrojándose a su cuello y golpeándolo con el flota-flota en el ojo desprotegido. Otro se hizo bolita bajo su escudo de madera mientras los niños lo golpeaban con furia. Una niña con una espada de globo en una mano y una muleta en la otra usó la muleta como arma en varias ocasiones!! Estaban enloquecidos!!!

Obviamente ganaron los niños y se ganaron distintas golosinas por su valor.

Volvimos a la casa alrededor de las 7 de la tarde, agotados y felices (y yo con un par de aros de vidrio y un licor).

Dormimos como ángeles… ah, pero el fin de semana no termina ahí!

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