El Enano, Las Cartas y Yo

El enano está de vacaciones. Yupi.
Eso de dormir hasta tarde quedé muy en el pasado, y poder tirarme todo el día en la cama haciendo nada también pero no tanto.
Los padres tampoco están felices con el receso escolar, así que en más de una ocasión, con una sonrisa y a los gritos, sugieren: y por qué no juegas un ratito con la Cande???? (en Chile se usa el artículo previo al nombre).
Ayer se apareció en mi pieza con un mazo de naipes, tras que la madre le dijera que jugara conmigo a las cartas.
Naipes alemanes, así que iban del As al 10 y después B, D y K (y mis jotas? Y mi Queen???).
El juego del niño de 3 años consistía en poner todas las cartas boca abajo sobre la mesa (o sobre la cama en nuestro caso), darlas vuelta de a una e ir acomodándolas en 3 pilones: rojas, picas y tréboles. Le expliqué que las rojas pueden ser diamantes o corazones, así que mejor hiciéramos 4 pilones.
Que no.
Pero son cuatro pintas (palos, en Argentina… esto de tener que hablar en chileno para que me entienda él me complica la comunicación con los míos…).
Que no.
Que sí.
Que no.
Entonces separémoslas en negro y rojo.
No.
Bueno no quiero jugar más entonces.
Que NOOOOOO!!!
BASTA! CUATRO PILONES Y SE ACABÓ!!
El juego terminó rápido, a pesar del debate de por medio, y para no tener que sufrir otra partida de eso, lo entretuve un rato mezclando las cartas con ese movimiento que estuve perfeccionando un verano completo de mi infancia. Cuando me cansé de eso también, me quise hacer la tía copada con el único truco de cartas que sé:
– Elije una carta y no me la muestres.
*Me la muestra.
– Nooooo, que no me la muestres!! De nuevo, elije otra!
*Agarra otra.
– *Susurrando* Ocho… corazón…
– … sos muy chico para esto, hablemos dentro de dos años.
Me acosté boca abajo sobre la cama y en el proceso se cayó una carta. El enano, gritando y riendo como si fuera navidad, se tiró al piso a recogerla… así que le tiré otra. Y otra. Y otra.
Hasta que no se acabó la baraja no paré de tirarle cartas al piso gritando “corre, corre, corre, recoge las cartas, rápido, rápido, rápido!!!”. Cómo se entretenía con un nivel tan bajo de esclavitud y bullying, no sé, pero estaba muy feliz.
Después de eso jugamos a, no se pierdan esto, tirar la caja de cartón de las cartas al techo y verla caer. Con esto jugó solo un buen rato y reía más frenéticamente que con las cartas al piso. Yo seguía boca abajo, con los brazos colgando por el borde de la cama, y cuando la caja caía cerca de mis manos la tiraba lejos de vuelta.
Finalmente se aburrió de mí y corrió a los brazos de su madre, quien veía tele muy feliz en el living.

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