Empezaron las Clases

Volumen I

(Uno se escribe Ein, que se lee Ain)

Muchos ya se habían enterado de la epopeya que es llegar desde Braunweiler hasta Mainz. Para los que no lo sabían, les cuento:
A Mainz debo llegar en el tren de las 14.33, porque desde la estación tengo 20 minutos de caminata hasta el curso, que empieza a las 15.00. Ahí todo redondo, el problema es llegar a la estación desde acá para llegar allá. Para tomar el tren de las 14.33 tengo que estar en Bad Kreuznach (la ciudad con estación más cercana) poco antes de las 14.00. Para llegar allá tengo que tomar el bus, que sale uno a las 10 de la mañana… y otro a las 14.00. Siendo media hora de viaje hasta allá, ya se dieron cuenta del predicamento, no?
Por suerte toda esta semana se alinearon los planetas para que alguien pudiera dejarme en la estación antes de la una en auto. De hecho, el lunes me dejaron en Mainz en auto (cool, no?). Y qué hice esas dos horas entre llegar a la estación y empezar las clases? Media hora se va viajando en tren, 20 minutos caminando y el resto… el resto me dedico a transformarme en una maestra pokemón!
Pero vamos por partes: llego a la estación.
Bad Kreuznach no es una ciudad extremadamente grande y no es para muchos la primera opción para tomar el tren (esta línea pasa por muchos lugares; lo que es planear bien un transporte). Así que viene relativamente vacío y sube poca gente. De todas formas no muchos toman el tren urbano; la cuasi perfección tiene su costo. Y es alto. Cada pasaje me sale 7.9 euros, lo que hace un total de 63.2 por semana – para los que son lentos con las cuentas, esto es: 70.55 usd, 1034.15 ars y 45288.60 clp, según datos proporcionados por Google. Sí… mucho! Hay descuentos y maneras de reducir este valor (tickets mensuales, semanales, jubilados, niños, escolares…), pero igual es un presupuesto.
Pero, a dónde va toda esa plata? Las estaciones están impecables, las máquinas para sacar y marcar los boletos están excelentes y en dos idiomas (en el campo, en la ciudad llegué a contar 5 idiomas aparte del alemán), los trenes llegan y salen puntualísimos (si la pantalla dice que sale 18.26, 18.26 cierran las puertas y nos vimos!), dentro de los trenes hay baños super limpios, los asientos son cómodos y con mesa rebatible adelante, o cuatro asientos enfrentados separados por una cómoda mesa con compartimento para tirar la basura y enchufes bajo los asientos (solo bajo los que están alrededor de la mesa)… Es un presupuesto que vale la pena gastar!
Llegamos a la Mainz Hauptbahnhof (Estación Central de Trenes de Mainz) muy similar a la de Frankfurt pero obviamente más pequeña (se acuerdan que eran muchos pisos y subsuelos? Bueno, esta tiene 2 pisos nomás, pero igual de caóticos). De ahí toca caminar por una ciudad que me hace sentir en casa; a lo largo de la mayoría de sus calles hay negocios! Qué bien que hace al alma dejar de caminar por las mismas hileras de casas y empezar a encontrar escaparates con ropa, zapatos, joyas, celulares, electrodomésticos, lanas, ropa interior, zapatos… hasta hay un mini shopping! Al fin podré comprar algo… o eso diría si tuviera trabajo ergo plata, pero puedo comprar hilos o lana para hacerle algo al futuro bebé de mi cuñada (las apuestas se inclinan hacia nena, pero hasta no estar seguros no voy a planear nada).
A pesar de tener este toque tan Arietesco de estar lleno de negocios, sigue teniendo su toque alemán obvio: limpio, árboles y flores en cada centímetro de tierra que haya, sin bocinazos de fondo, autos frenando cuando ven que vas a cruzar la calle… aunque ya en la ciudad dejamos de ver las pintorescas casitas a dos aguas.
Hay dos caminos para llegar a mi curso desde la estación: el largo y el corto. La diferencia es de unos 500 metros nomás, pero cuando salís a las 6 y tu tren se va 18.26, 500 metros menos son la gloria!
Así que siempre voy por el camino largo, que es una amplia avenida que sube y sube, con algunos edificios perdidos y ningún negocio, porque por Saarstraße de un lado tenés un parque y del otro el cementerio, así que hay árboles y verde a ambos lados. Saarstraße se transforma en un puente y lo que me gusta de este paisaje de sierras es que no tengo que bajarme del puente para ir a mi curso: camino media cuadra al nivel del puente y ahí está. No sé cómo funciona eso, y tampoco funciona streetview como para entenderlo mejor.
Por qué uso el camino largo para ir? Porque hay 5 pokestops y en el corto solo 1. Sí, me gusta jugar Pokemon Go, y? Ya llevo caminados más de 60 kilómetros (y ya sos level 20? Estás haciendo trampa? No, pero en el campo se te acaba la batería entre pueblo y pueblo si vas a pie así que usamos el auto… pero llegamos a destino y caminamos!!).
Decía…
Mi curso no entendí muy bien si pertenece a o si solo comparte edificio con la Universidad Evangélica, cuestión que un montón de edificios de ladrillo rojo circundan en forma imperfectamente circular una mini placita seca con una fuentecita y un poco de pastito y árboles en uno de los recovecos del imperfecto círculo. Hay unas… dos entradas? Tres? a la placita entre los edificios. Ambos caminos me llevan por la misma entrada: a mi izquierda el edificio donde está mi salón, a la derecha otro, y por arriba un pasillo del edificio que me da una sombra muy linda para esta semana de verano que el sol estaba asesino. Hay una cartelera a mi derecha, con anuncios para los alumnos de la universidad que vive ahí -hay muchas ventanas con cortinas distintas en un edificio… y muchos chicos semi desnudos entrando y saliendo, así que o viven ahí o los códigos de vestimenta de acá son muy flexibles.
Mi curso ocupa apenas dos salones de este pequeño edificio (todos deben de tener como máximo 4 pisos); el chico está en planta baja, el grande en el primer piso.
En mi salón los seis escritorios largos se colocaron de forma tal que quede un cuadradito en el medio vacío y nosotros nos podamos ver todos a la cara (dos lados se forman por dos escritorios y los otros dos por uno a cada lado, formando un rectángulo).
Yo me siento en el lado largo, en la esquina que da a la puerta, cosa que siempre esté en mis manos controlar la corriente de aire que se genera con las ventanas situadas enfrente. A mi derecha y al final de mi lado, en un escritorio para ella sola se sienta nuestra profesora, a quién escuché hablar inglés en solo dos ocasiones, porque acá se rigen por el método de aprendizaje de idiomas de “o aprendés o perdés”: solo alemán en el salón. Es una mezcla de la Maestra Miel con Snape: todo lo que hagas está mal y merece un castigo, pero con una sonrisa y pidiendo por favor. No sé todavía si odiarla o amarla, solo sé que mejor hago como que entiendo lo que dice.
En mi lado del rectángulo se sientan una siria, una estadounidense y una coreana. Con esta última hablamos un complicado lenguaje de señalar, hacer gestos, reír y algo de alemán: es super simpática, pero no tenemos un idioma pleno con el cual comunicarnos… e igual la pasamos genial.
A mi izquierda, opuestos a la profesora, otra siria y un keniano, a quienes los lleno de preguntas porque entienden mucho y hablan inglés.
En frente: una albanesa (con quien más hablo ya que sabe español), una iraní, un coreano y una siria. Sorprendentemente el nombre más difícil de pronunciar en toda esta pequeña Babilonia es el mío: me han dicho Cane, Gande, Gandel…. Decidimos todos quedarnos con el Candel (por qué no pueden decirlo sin la L, no lo sé).
Algunos de mis compañeros tienen nivel más alto que yo, y esto fue extremadamente frustrante las primeras dos clases. Pero el miércoles y el jueves empecé a notar que no todos saben más que yo, a algunos les cuestan algunas cosas más que otras, ninguno se acuerda de memoria todos los artículos y algunos son mejores para inventar palabras que yo.
La última clase de la semana, el jueves, logré entender mucho más que la primera, y también logré ponerle mejor onda a las clases nocturnas de refuerzo que me da mi novio (yo sé que las palabras nocturnas y novio en una misma oración a algunos de mis conocidos los hace pensar en cosas subidas de tono… pero no hay nada subido de tono en estar a la medianoche semi dormida en el comedor, apoyando la cabeza en una torre de libros y diccionarios escuchándole gritar “pero weon, concéntrate!”). Tanto él como su hermana me señalaron lo valioso que es tenerlos a ellos y a mi concuñado alemán a la hora de hacer tareas.
Pero este texto se está haciendo muy largo, así que en otra ocasión les contaré de mis tareas, ahora voy a terminar por el camino de vuelta a la estación:
El camino corto cruza un bosque. Eso. Camino de cemento rodeado de árboles, va semi paralelo a la avenida por la que voy de ida: al final hace una curva que desemboca directamente en la entrada trasera de la estación, lo que es genial porque al mismo tiempo me deja a un andén de distancia de mi tren, lo que no pasa yendo desde la entrada principal. Este camino lo descubrí gracias a la albanesa, aunque no disfruto cuando vamos juntas hasta allá porque a ella le gusta correr y yo casi me desgarro la primer corrida.
Uf, leyeron todo? Espero hacerme de más tiempo para poder mantenerlos informados!

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