Hace dos Wochenenden atrás…

Volumen VIII

Mamá dijo la otra vez: se la pasan de joda en joda ustedes!!
Y bueno… es verano al fin y al cabo. Dentro de poco se viene el frío, la nieve, la oscuridad… hay que aprovechar!
El sábado fuimos temprano a pokemonear, volvimos para que Klaus haga su deliciosa lasaña, dormimos siestita y a la noche fuimos a la kermesse de Wallhausen.
Muchos stands de juegos de tiro (a los alemanos les gusta esto del tiro y la caza), algunos de golosinas, un carrusel, una pista de autitos chocadores y mucha, mucha, mucha comida y bebida.
Stands de vino, de cerveza, de tragos (todos distintos, así cuando estás ya muy en pedo podés distinguir fácil dónde conseguir cada uno), de wurst, hamburguesas, pizza, Langos (una especie de torta frita que no probé), papas fritas en espiral (se acuerdan las que se hacían con taladro?) y… nuestra reina… Crepes!!
Para los que no saben, o por si los crepes alemanes no son como los latinos, es masa de panqueque muy fina pero muy grande, que le ponen un relleno y luego lo pliegan sobre sí mismo en triángulos o “cuadrados” o lo entregan enrollado (aunque si son muy gigantes, enrollado se complica). Nunca me llamaron la atención acá por en general tienen relleno de alguna fruta, azúcar (impalpable o no) y nutella, y lamento informar a toda la comunidad que la nutella no me gusta tanto – sí, no me gusta, cuál hay, no es un crimen tampoco, el verdadero crimen es que el dulce de leche no sea internacional. Pero estos crepes traían un relleno que no había visto antes: Kinderschokolade.
Kinder es Niños, así que flasheé que vendría con algo infantil (y por eso muy bueno): marshmallows de colores, confites de chocolate de colores, azúcar de colores, caramelos… de colores. No sé por qué asocio lo infantil con azúcar y colores (si le sumamos flores son la Niñita Perfecta, pero el profesor Utonio- perdón, colgué). Entonces, sacudiendo el borde de la remera (polera en Chile) de Klaus, le ordené qué preguntara qué era Kinderschokolade. Y no era chocolate especial para niños. Era chocolate Kinder! Sí! Los crepes venían con 3 deliciosas barritas de derretido y suculento chocolate Kinder, suave y cremoso y calentito y dulce y -limpiando baba del teclado- valió la pena haber comido DOS cada uno, aunque quedaban ganas para 4 más, nos contuvimos.
La verdad que son muy lindas y atractivas estas fiestas, pero son siempre un poco más de lo mismo: comer, saludar conocidos (vamos todos juntitos de pueblo en pueblo en manada, arrastrados por el olor a fiesta), comer, caminar, comprar basura, comer, jugar algo, comer…

Así que me voy a explayar con lo que hicimos el domingo.
El domingo fuimos al Bostalsee, un lago artificial a hora y media de viaje hacia el suroeste.
Tiene un parque gigante con sector de camping, para casas rodantes o carpas, estilo primer mundo, obvio. Gigantes casas rodantes, ya sea las que se acoplan al auto o la clasi Motorhome de Barbie. De las que se acoplan, muchas ya se habían instalado ahí hacía años, y ahora tenían macetas y enanos de jardín alrededor (palabra, eran casas de verano pero que alguna vez había rodado). En general con grandes toldos o gazebos justo en la puerta de la casa, donde tenían mesas y sillas (muchas eran no de camping sino del cátalogo de muebles de jardín de Easy), algunas parrillas (estás sí eléctricas y plegables), una antena satelital… todo lo que puede transformar un día de camping en un spa 4 estrellas.
Nosotros fuimos a la casa rodante (esta sigue girando) de unos amigos de mis cuñados, más precisamente el baterista de la orquesta de Peter, su mujer (que también toca en la orquesta) y su hijo de dos años.
Nos quedamos un rato retosando ahí, mientras se preparaba el almuerzo. Y yo aproveché a interactuar con el único de la reunión que hablaba menos alemán que yo: el niño.
Pelo rubio tan corto que parecía pelado, el niño andaba para todos lados con el chupete en los labios y un pañuelo con una cabeza de burro en las manos. Me le acerqué. Nos miramos.
Iiii ooooh, dijo mientras me pasaba el burro.
Yo estaba sentada en un banquito y al lado había otro, así que me miró y dijo An (arriba, sobre).
Lo senté.
Schuhe, dijo moviendo las patitas, y le toqué el zapato.
Auf, y se lo saqué.
Auch, dijo moviendo la otra patita, y también le saqué el zapato.
Fuß, dijo moviendo los pies.
Iiii oooh, y le mostré el burro. Le dio un cabezazo y se rió.
An, dijo moviendo las patitas y le puse los zapatos. Se levantó, dio dos pasos y me miró.
Auch, dijo señalándome, así que lo seguí.
Así estuvimos hasta que estuvo lista la comida.
A nosotros, o a mi cuñada mejor dicho, nos había tocado llevar la comida. Así que llevamos una ensalada de capalletinis (es cosa de acá esa inadaptez social de comer fideos fríos o se hace en otros países?), y una carne que se transformó en mi favorita. En su paquete de plástico viene bañada en salsa (llevamos una picante y una no picante), cosa que no tengas que adobar ni nada: a la parrilla y ya tenés cerdo al curry. Es espectacular! Qué es eso de adobar durante 24 horas que hace mi nono? Sale re barato encima! “Es porque es la carne que no pudieron vender y se empezó a echar a perder”, dijo mi cuñada. Que se eche a perder más carne entonces, yo los amo.
Después de comer fuimos hasta el lago per sé, que como dije antes era un predio grande, así que estuvimos caminando fácil 10 minutos entre los sectores de camping, los estacionamientos, un parque donde armaban una pantalla para pasar películas, camas elásticas… Hasta que llegamos a un sector vallado con una garita donde pagabas entrada (no me pregunten cuánto, a mí me invitaron). Después caminabas varios metros más de pasto, con canchas de volley, tennis y bádminton, juegos para los chicos y un sector que vendían comida hasta llegar a la franja de arena que se bañaba en las aguas del lago Bostalsee.
No era muy enorme, llegabas a ver la orilla del lado opuesto, y era de aguas muy tranquilas. Estaba sectorizado con boyas de pileta: sector veleros al fondo, sector nadadores expertos, con algunas plataformas flotantes de color celeste chillón, sector hacés pie en todos lados, sector por acá te atropellan los que se tiran del tobogán.
Obviamente yo no tenía tanto calor como para que valiera la pena meterse, ni el agua estaba lo bastante caliente para mi tolerancia, así que mientras todos se fueron al agua, yo dormí en una lona sobre el pasto.
Habremos estado unas dos horas ahí, en las cuales con Klaus caminamos por la playa, comimos, dormimos, mamá me llamó por teléfono, miramos el cielo, comimos… y luego comenzó el retorno a casa.
Un tranquilo y placentero domingo. Una perfecta previa para el finde de trabajo que ya les conté…

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