Se terminó la Vendimia.

Día 5


Trabajar en terreno inclinado parecía difícil? Hoy le subieron un nivel más de dificultad!!
En general los pasillos entre las filas de parras son de tierra pisada. Algunos tienen pasto, ya sea plantado o tirado encima. En otros ponen paja.
La paja es redondeada, suave y en cantidades descomunales podés sentirla rodando bajo tus pies, como los rodillos de algún tipo de cinta transportadora.
Se van imaginando la situación?
Si ayer rodó gente, hoy rodamos todos. Yo por suerte entré en el grupo de los que rodaron con disimulo, otros entran al grupo de “Se hizo mierda”.
La superficie antiadherente sumado al declive hacía casi imposible subir y toda una odisea bajar. Encima con un balde lleno en una mano y una tijera en la otra.
En una no me rodé hacia abajo porque la inclinación me permitió apenas estirar las manos y quedar en cuatro patas cuando una pierna se me deslizó hacia abajo. Adrenalínico…
Esperé con ansias el almuerzo, porque hasta el momento el terreno siempre cambió de turno en turno (pasamos de un pueblo a otro, cambiamos de viña, cambiamos de uva o todas las anteriores).
Pero después de los fideos con una salsa rara pero rica y una torta de limón y crema de postre (qué mal la pasamos), fuimos al mismo lugar.
Dios, me duelen los gemelos hoy…

Día 6

Después de un típico almuerzo de invierno alemán (Goulash con Knüdel, una especie de bomba de papa, y ensalada de Remolacha), a la jornada laboral se nos sumó un nuevo integrante.
Con botas de goma azules, pantalones de trabajo verdes y campera impermeable celeste como sus ojos, se acercó al carrito y estiró sus brazos hacia los lados, confiado de que alguien lo iba a sujetar y ayudar a sortear el escalón que era más alto que sus pequeñas piernas.
Todos los babosos se arrojaron sobre él para subirlo, pero con superioridad y el pecho hinchado los detuve con un gesto y dije Kein Problem… er ist mein Neffe.
Se sentó a mi lado, agarrándome la pierna con fuerza, temeroso de que esas polacas que lo miraban embelezadas le hicieran algo. Así que calladito, con la vista clavada en el auto que iba justo atrás nuestro, manejado por su padre, viajamos hasta la viña donde habríamos de continuar el trabajo de selección y recolección de uvas Riesling.
El enano se puso a jugar alrededor mío al principio, improvisando música con ramitas, comiendo uvas, cantando canciones infantiles en idiomas reales e inventados, hasta que se aburrió y fue a hacer lo mismo pero esta vez al lado de su padre.
Pero todo su día dio un vuelco cuando se cruzó de frente con el tractor, y con voz chillona y sin dejar de saltar exclamó: Puedo andar en tractor???!!!
Quien lo manejara se bajó y cautivado por ese niño con la cara cubierta de barro y los ojos grandes como dibujito animado no solo lo subió al tractor, sino que lo tuvo ahí metido el resto de la jornada, dejándolo tocar de vez en cuando alguna que otra palanca o botón y dándole su peso en caramelos.
Sin embargo, cuando tocó ir a la siguiente viña, quiso volver al carrito, donde uno de los trabajadores se puso a conversar con él. No era nada sorprendente, ya que dicho hombre es el abuelo de una de sus compañeritas de jardín, así que se ven siempre. Cuando la conversación llevó al enano a mostrar sus talentos en inglés contando hasta 20, una de las polacas no se resistió a preguntarle What’s your name?
Hundió la cabeza en mi pierna, me miró con sus ojitos grandes y avergonzados, y luego giró despacio la cabeza hacia la polaca, apenas, lo suficiente como para que se le notara su carita de conejito tierno, y dijo casi en un susurro Thomas.
Pude ver la sangre saliendo de la nariz de las rubias (googlear “Sangre nariz anime” para más información).
El final de la jornada nos encontró cerro abajo, el enano en el tractor obvio, y el carrito cerro arriba, así que comenzó la trabajosa tarea de subir.
Éramos unos 10 que estábamos más o menos todos juntos, entre ellos el abuelo de la compañerita de mi sobrino, cargado con dos baldes llenos de uvas.
A medio camino tuvimos que parar, sin aire, una de las polacas se tuvo que sostener de una parra porque ya no daba más… y el abuelo con dos baldes siguió camino… y llegó como 10 minutos antes que nosotros, a quienes nos doblaba o triplicaba la edad.
Lo que es ser joven de espíritu…

El día siguiente, el número 7, no se salió de la rutina pactada hasta el momento, salvo por el hecho de que hacía un frío indescriptible sin groserías. Y porque almorzamos milanesas con sabor a gloria.
Y porque fue el último.
Los motivos fueron simples: no me iba a cagar de frío como ese día de nuevo, no me pagaban tanto. Realmente pensaba que me iba a sacar las botas y un pie congelado se me iba a separar del cuerpo en el proceso. Y también: estaba muerta. No me daban más ni las piernas ni la espalda.
Fue una buena, productiva pero sobre todo interesante semana.
Valió mucho la pena.
No sé si lo haría de vuelta.

Glosario:
Kein Problem… er ist mein Neffe: no se preocupen, es mi sobrino.
What’s your name?: cómo te llamas?

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s