Vamos de Paseo: Final

Olvidé mencionar que todo el rato que estuve atrás del volante fue bastante… complicado…

El copiloto y el GPS no se llevaban muy bien. Y el copiloto y los dos de atrás tampoco. Discusiones del tipo “my GPS is better than yours” [“mi GPS es mejor que el tuyo”] fueron habituales, y frases como “I have no idea where we are” [“no tengo ni idea de dónde estamos”], desgraciadamente también.
Había quejas todo el rato de “vas muy rápido”, “vas muy lento”, “pasá a ese camión”, “no pases ningún auto, quedate en tu lugar”, “estás muy pegada”, “estás muy lejos”, “andá por esa pista”, “mejor volvé a la otra”… Pero todas eran terminadas con un “you are the best pilot ever!” [“sos la mejor piloto!”].
Seré la mejor por no haber chocado a propósito a ver si así se callaban?
En fin, cuando doblé a la izquierda, noooo, era a la derecha!, retomamos el camino, dimos un par de vueltas, aparecimos en cualquier lado, finalmente… entramos a Stuttgart.
Tránsito con el que Bad Sobernheim solo puede soñar, gente por todos lados -qué hacen todos acá un jueves???!!!-, entrando y saliendo de los múltiples de negocios que se arremolinan cerca de la Estación de Trenes, zona donde logramos estacionar… a 3 euros la hora. Ladrones.
El estacionamiento era subterráneo, así que con pánico bajé el auto por la rampa pensando que iba a tocar el techo.
– This car is really small, you really think you won’t fit?
– SHUT UP, I CAN’T CONCENTRATE IF I HAVE TO DRIVE AND TALK IN OTHER LANGUAGE AT THE SAME TIEMPO!
[- Este auto es muy chico, en serio pensás que no vas a pasar?
– CALLATE, NO ME PUEDO CONCENTRAR EN MANEJAR Y HABLAR OTRO IDIOMA AL MISMO tiempo]
Una vez estacionados (ahí es para clientes del Hotel, ahí es para embarazadas, ahí te pasaste uno!, ah no, había un auto, sabés que me parece que en el primero podías?), subimos por las escaleras mecánicas y desembocamos en la calle que da a la entrada principal de la Estación.
Atención! Fuimos de recontra requete turistas que no conocen el idioma (a pesar de que sabemos algo y el albanés sabe el triple que nosotros), pero nunca nos gastamos en siquiera averiguar los nombres de los edificios y monumentos que veíamos, así que sepan disculpar la falta de datos.
Caminamos un par de cuadras desde la estación hasta una placita, por la que pasamos mientras buscábamos estacionamiento, donde había otra feria de navidad. Pero en esta nos detuvimos poco y seguimos un par de metros más hasta donde había una gran plaza delante de un edificio que parecía un palacio. Y aprovechamos a sentarnos un rato a descansar.


Eran ya cerca de las 4 de la tarde, habíamos viajado más de lo que habíamos turisteado, y comido casi exclusivamente porquerías varias. El sol ya estaba cayendo y la idea de caminar cerca de 5 kilómetros, de acuerdo al albanés/guía de turismo no era alentadora.
Pero la ciudad era hermosa, el aire era agradable y la buena compañía era un enorme plus.
Rodeamos el palacio y detrás encontramos una plaza seca, mucho menos concurrida que la anterior, en cuyo centro se encontraba un pequeño lago parcialmente congelado.
Patos de colores oscuros caminaban o nadaban por el lago, que con enormes carteles nos prohibieron a la albanesa y a mí tirarles algo de pan.
El albanés se dedicó a romper bloques de hielo del lago, que luego arrojaba con fuerza hacia el centro del mismo, para verlo partirse en miles de pequeñas y brillantes partículas de hielo (al bloque, no al albanés). La superficie congelada estaba cubierta de estos mini pedacitos, lo que dejaba entrever que no éramos los únicos que habían hecho eso a lo largo del día.

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Luego caminamos hacia un pequeño parque, todavía más desolado y con un lago incluso más congelado que el anterior, al cual tiramos piedras que rebotaban en el hielo haciendo un curioso sonido.

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Recorrimos este mismo sendero de vuelta para llegar al auto, pagar casi 10 euros de estacionamiento, y andar hacia otro parque.
Completamente desolado, el sol ya oculto por completo, el lugar estaba helado y blanco por el hielo. Otro lago más, un puente congelado cruzándolo, y llegamos a la atracción principal del lugar: una torre de metal de varios pisos rodeado por dos escaleras en caracol. Como un ADN gigante (Nerd Alert).
En el segundo piso, el movimiento de las plataformas y la distancia al suelo me recordaron lo fácil que es caerse de un lugar tan alto y morir aplastada contra el pavimento, así que bajé casi corriendo y sin aliento y esperé a mis compañeros a unos pasos de la torre (el puntito negro de la tercer foto soy yo).


Volvimos al auto y a la ruta, pero antes de llegar a Mainz, donde mis compañeros tomarían el tren a sus hogares, pasamos por la ciudad de Karlsruhe.
Lamentablemente a esta altura ya estábamos muertos de cansancio, y caminamos un poco por la calle principal hasta un palacio y de vuelta.
Digo lamentablemente porque la ciudad es bellísima. Era ya plena noche, y por la avenida invadida de rieles de tranvía se alzaban negocios y restaurants, con sus escaparates iluminados por luces y adornos navideños, al igual que los faroles en la calle.
El castillo era majestuoso como todos, pero su belleza estaba eclipsada por la pista de patinaje sobre hielo que habían armado varios metros más adelante, donde la gente reía y patinaba al ritmo de la música que salía de los stands de comida que había al lado.
Todo estaba cubierto por el místico vapor que salía de las tazas de Glühwein, de la pista y de las personas que allí se aglomeraban sin importarles las bajas temperaturas ni la lluvia, que recién empezaba a caer.
Qué belleza hubiera sido pasar más tiempo ahí, y no comer con solo un ojo abierto Nuggets en descuento en el Burger King.
El camino de regreso fue largo, doblemente largo teniendo en cuenta que la salida a Mainz estaba AHÍ, AY, TE LA PASASTE, y tuvimos que hacer como media hora más para retomar.

Pero a pesar de las pocas habilidades de Copiloting de mis compañeros, a pesar de la falta de una buena comida, a pesar del frío, de la lluvia, del culo aplastado contra el asiento… fue un viaje inolvidable que espero podamos repetir.
Ahora empiezan las clases otra vez, y nos tocaron horarios distintos, y a uno le tocó volver a su tierra natal, pero algún día vamos a cruzarnos de nuevo y volver a hacer esto. Una y varias veces más.
Para qué tenemos el grupo más genial de Whatsapp sino?

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