Se Terminaron las Vacaciones

Me desperté de golpe, sin escuchar el despertador. Me puse una camisa blanca y mi sweater azul gigante. Me pareció raro ponerme esto, porque la noche anterior noté que no la podía usar porque todavía no la había planchado. Me la puse toda arrugada?
Salí de mi pieza. La puerta de la pieza de mi hermana estaba cerrada, y fui al baño a chequear mi camisa, donde me encontré a mi novio, mirando su reflejo adormilado en el espejo sobre el lavamanos blanco.
“Mirá que a las 7 menos 5 salimos”, le resoplé con tono enojado para que entendiera la gravedad del asunto.


“Imposible”, dijo sin dejar de mirarse al espejo, “son las 7”.
“Me acabo de levantar”, dije sacando el celular del bolsillo trasero del pantalón. “No pueden ser las…” y en la pantalla brillaba un 7 blanco entre tres ceros.
Como para darle más drama al asunto, el último cero se hizo uno.
“Pero… Pero recién me visto! Me tengo que maquillar, desayunar, lavar los dientes, poner zapatos” y el uno se hizo dos.
Empecé a lloriquear mientras Klaus me consolaba diciendo que él me podía llevar a la estación después de llevar a los sobrinos de su hermana al campamento. “Vas a llegar tarde, pero no puedes faltar a tu primer día de clases”.
Me arreglé rápido y no encontraba mi reloj. Así que entré a la pieza de mi hermana a buscarlo, y la encontré a ella durmiendo en el estante de abajo de la tele, hecha una bolita en su frazada rayada.
“Qué hacés ahí?”, la desperté.
“Mi cama es muy incómoda”, gruñó.
Y miré y obvio que era incómoda, si nuestra prima estaba durmiendo ahí, aunque no entendía por qué estaban las dos durmiendo con las persianas altas, dejando entrar tanto sol.
Encontré mi reloj en un estante del costado y me fui corriendo a buscar a Klaus. Estaba en el auto. En el asiento de atrás ya estaban los hermanos alemanes, su padre iba de copiloto. Me senté con los chicos.
Mientras avanzábamos les contaba, medio en español medio en francés, que otra vez “él” me había cambiado la hora del despertador; lo había programado para las 08.23. Si me lo cruzaba, lo mataba.
“No se te cambió la hora del celu?”, dijo mi novio.
“No, él siempre hace eso, es un rompepelotas”, respondí.
Anduvimos por las calles de San Justo, buscando la ruta más rápida al campamento y de ahí a Mainz (o a cualquier ciudad con estación de tren), cuando empezamos a andar por el medio de un bosque oscuro de árboles secos y negros.
Varios metros después llegamos a un claro, donde un micro estaba estacionado, rodeado de gente.
Mi abuela estaba ahí, lista para la nieve con su traje de ski, hablando con unas amigas.
La saludé con la mano de lejos, mientras los alemanes se bajaban y nos agradecían por el viaje. Yo me senté al lado de Klaus, en el asiento del copiloto.
Dimos vuelta por una esquina y aparecimos en un estacionamiento viejo y sucio, que reconocí como el estacionamiento de un hospital.
Cuando estábamos por salir me acordé de que el otro auto estaba estacionado ahí y había que llevarlo a otro lado, así que me bajé, con señas le indiqué la situación a Klaus y me fui corriendo a buscar el otro auto.
Lo encontré, me subí, puse la llave y anduve atrás de Klaus hasta que llegamos a otro hospital para estacionar el auto que yo manejaba e irnos de una buena vez para Mainz.
Mientras buscábamos estacionamiento aparece mamá en su auto, y nos dice que no estacionemos ahí, ahí no se puede.
Discutimos un rato hasta que empecé a llorar otra vez diciendo que no me importaba si se llevaban el auto o no, ya eran más de las ocho y mi curso empezaba ocho y media. Alguien que me lleve!!!
Mamá dijo que me subiera, y que buscara en Google si me convenía tomar el tren a Mainz desde Morón o desde Ramos.
Entonces sonó el despertador.
Aterrada lo apagué, fui al baño y me empecé a vestir mientras hacía pis (ahorro de tiempo, vio?). Mientras me peinaba y me ponía el reloj de pulsera veo que marca las 9.
Horror.
Salté por encima de la cama, agarré el celular y marcaba poco más de las 6. El de Klaus también.

La ansiedad puede matar.
Ya estrellé el reloj contra la pared. Por traidor.

Nota: efectivamente mis sueños son así de complejos, eso explica el hecho de que por mucho que duerma, al final del día sigo con sueño (mi cerebro no descansa). Y el reloj no fue ninguna ilusión post traumática: efectivamente se detuvo ande uno a saber qué día después de las 9.

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