Happy Neues Año!

Fuimos a lo de mi cuñada “temprano”, con el desayuno, alrededor de las 11. Una embarazada hambrienta nos esperaba con la cara pegada a la ventana, los niños hacían pompones de lana, los demás todavía no terminaban de levantarse.


Desayunamos y después yo me acosté en el sillón y no me moví de ahí hasta el almuerzo que sería alrededor de las 3 de la tarde. La gripe no me dejaba mantenerme activa, y las ganas de no quedar como una antisocial no me dejaron ir hasta alguna de las piezas.
Los niños me incluyeron en todos sus juegos, desde “vamos a tocar la trompeta en la cara de Cande” hasta “vamos a escalar a Cande”. No fue tan cruel como suena, de todas formas…
Después del almuerzo intentaron dormir al enano, pero la excitación de la casa llena y de la proximidad del Nuevo Año no le permitieron pegar ojo… Así que cuando él bajó, yo lo reemplacé ya sin miramientos.
Me levanté, me bañé, me puse linda y 15 minutos después del horario pactado, salimos (cabe destacarse que el retraso no fue mi culpa).
Nos fuimos todos apretados en un auto (el enano, sus padres, su prima, mi novio, sus padres y yo) hasta la Viña, la casa de la familia de mi concuñado. Entre sus hermanos, sobrinos y un amigo que ya casi es otro hermano, en total éramos 15; un número muy pequeño a comparación de los fines de año con los Romero, y que parecía todavía más pequeño ya que cenamos en el salón comedor de eventos, que de las 6 mesas rectangulares sólo usamos 2.
El plato del día era asado alemán: sobre un poderoso fuego se balancea una hamaca-parrilla circular gigante. Googlee si les quedan dudas y descubrirá que mi descripción es extremadamente acertada.
Carne de cerdo y un poco de pescado, distribuido en salchichitas (menos el pescado, claramente), bifes y brochets con verduras.
En una mesa se dispusieron las ensaladas, en otra los niños y en la otra los adultos.
La comida se terminó a las 9 y todavía faltaban 4 horas para media noche.
Trajeron café, brownies, galletitas… Y todavía no eran las 10.
La cuñada de mi concuñado y el amigo de la familia tocaron varias canciones en violín y piano, respectivamente, juntos… O lo intentaron; los dos practican hace no muchos años, no se dedican a esto profesionalmente y no suelen practicar en pareja. De todas formas, si bien ellos se disculpaban cuando cometían errores, el único enterado de lo que pasaba era mi concuñado el músico y director de orquesta. La ignorancia nos hizo disfrutar mucho de la velada a todos los demás.
Durante el concierto mi cuñada, sentada a mi lado, se inclina y confiesa que hace media hora que tiene contracciones cada 10 minutos. Le dije que no rompa las bolas hasta después de las 12, pero igual me asusté ya que la única que había tomado menos de media copa de vino había sido yo.
De todas formas, segundo embarazo de la médica, dijo que no iba a pasar nada esa noche; y que además si nacía ese año eran como €1500 más de impuestos y “ni cagando pago tanto”. No, no pregunté porqué la diferencia. Después les averiguo.
Eran las 11 y nos pusimos a jugar a las cartas, pero la emoción por el evento de la noche era cada vez más alta; a las 12 en punto, mi novio y uno de los niños (7 años) habían planeado, con ayuda del padre de éste último, un espectáculo de fuegos artificiales.
Habían comprado “morteros”, según Klaus (yo les digo “cajas”), que habrían luego (lean bien) unido con cinta scotch para generar una reacción en cadena. Sí, suena tan peligroso como los demás consideramos que era. Klaus y el niño estaban babeando de emoción.
Terminado el partido de un juego de cartas alemán que no terminé de entender, y mi cuñada empujándose la panza hacia arriba, salimos todos al frío invernal a ver a los fanáticos preparar sobre cajas plásticas su espectáculo.
5 minutos antes de las 12 pasó lo que se ve es algo típico alrededor del mundo: la pelea por ver quién tiene mejor calibrado el reloj. Con celulares discutíamos entre varios si faltaban ya dos o un minuto, cuando el único que tenía distinto el reloj exclamó “frohes neues Jahr!!!” y el papá del niño no soportó la emoción y prendió tres mechas al mismo tiempo.
En segundos, él (con el chico bajo un brazo) y mi novio corrieron hacia donde nos encontrábamos todavía discutiendo, y se dieron vuelta justo cuando las primeras luces brotaron de los tubos de cartón.
Y luego empezó el bardo.
Las campanas de la Iglesia empezaron a resonar todas juntas, y a las luces que estallaban a pasos de nosotros se sumaron otras que apenas se veían entre los árboles congelados y las chimeneas humeantes.
Entre gritos de emoción de Klaus y el niño, y arañazos en la ventana de su hermanita mayor que no quiso salir por el miedo, se acercaron a encender todavía más fuegos artificiales, que con un zumbido volaban hacia lo alto y explotaban en el cielo. Tan alto que tuve que bajarme la capucha de la campera para poder verlos; congelarse las orejas valía la pena.
Los últimos dos morteros que quedaron no reaccionaron bien a la cinta scotch y no se prendieron, así que Klaus se acercó con poca precaución y los encendió.
El último se cayó de la caja en la que estaba.
Pánico.
Rodó la caja por la explosión de una luz que chocó contra la pared más lejana hasta que quedó apuntando hacia nosotros.
Doble pánico.
Mientras la mitad todavía no entendía lo que pasaba la otra mitad intentamos huir en la dirección contraria y nos chocamos de bruces contra otra pared cuando escuchamos el inconfundible sonido del final.
Long story short, si bien quedamos apestados a humo y encandilados, no hubo heridos.
Terminado el show, nos abrazamos y en varios idiomas distintos nos deseamos un buen año. Mi cuñada exclamaba “menos impuestos!!”. Rata.
Tomamos champagne de las copas que habían sido colocadas sobre una parecita poco antes de las 12 y que ya estaban congeladas 10 minutos después.
Y a las doce y cuarto cesó el estruendo que eran las campanadas y ahí me di cuenta del ruido que había habido.
El frío helado nos empezó a empujar hacia el interior del edificio, donde me escabullí hacia la oficina y robé la contraseña del wifi.
Filmé videos y grabé audios a familia y amigos y me animé a hacer un video en directo por Facebook, a pesar de las burlas de los presentes.
Lo poco que me quedaba de voz, que se había deteriorado por las conversaciones en dos idiomas, la tos y el vino a lo largo de la noche, desapareció después del último video, dejando tras de sí un agudo dolor.
A la 1 mi concuñado se ofreció a llevarnos a su suegro y a mí de vuelta para su casa.
No tenía sueño, pero mi cuerpo que estuvo acostado los últimos cuatro días pedía a gritos una cama.
Alrededor de las 3 llegaron los demás.
Mi novio atendió mi gripe antes de acomodarse en el otro lado del enorme sillón en L que se convirtió en nuestra cama. El lado más grande fue para él, cabe aclarar; así de buena soy.
Son ya las 10 y hace dos horas que mi cuñada se fue, discreta pero respirando muy fuerte y rápido, junto con su marido.
No sé cuál es el protocolo en estas situaciones, pero mi suegra se fue a la pieza de los niños ante la primera pataleta y los demás duermen plácidamente.
Yo espero indicaciones.
Pero acostada y en pijama.
Si la familia no se altera, no lo voy a hacer yo…
… Igual le mandé mensaje a la parturienta, a ver si capaz respondía…

Edit: 20 días después de este acontecimiento agregamos información que ya muchos saben:
Media hora después de terminar de escribir, la por segunda vez mamá me llamó por teléfono para decir que todo había salido bien y que ella y su hija estaban sanas y cansadas. Iban a dormir un rato para verse bonitas para la sesión de fotos, porque siendo cerca de las 10 de la mañana fue el primer nacimiento del año en ese hospital y los diarios locales estaban chochos.
20 días después siguen sanas las dos, y cansada la madre, babosos la abuela y el padre, algo insoportable el hermano mayor, incondicionales los tíos.

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