Ensalada de Idiomas

El sábado, alrededor de las 8 de la noche, veníamos con las caras pegadas al vidrio, con el ceño fruncido: no deberíamos ya haber cruzado la frontera?
Ya estaba oscuro y los carteles estaban todos en alemán, pero según el Navi- Alemania: únicos boludos que no usan la palabra GPS- en 4 minutos estábamos en nuestro destino.
Entonces avanzamos por un puente, largo, que cruzaba el Rhein de lado a lado.
Y, ahora sí, llegamos a Francia.

Para aquellos que no saben, la región de Alsacia, cuya capital es la ciudad hacia la que íbamos, Strasbourg, fue romana, francesa, alemana, francesa, alemana, francesa… Lo relevante al relato es que volvió a ser francesa tras la guerra, así que la arquitectura es extremadamente similar a la alemana dejada atrás.
De hecho muchos carteles de calles o de plazas tienen su nombre francés y debajo su anterior nombre en alemán; la Place de la République estaba seguida por “Kaiserplatz” entre paréntesis.
Pero era muy tarde para andar paseando y turisteando a fondo, así que fuimos derecho al hotel, en el número 6 de la calle Bitche (posta, jamás les mentiría con algo así): el Cap Europe Appart’Hotel.
Al Hotel llegamos gracias a Trivago (sí, uso Trivago y me encanta!), que por pocos euros nos daba agua caliente, cama y cocinita.
Pero no encontrábamos dónde estacionar.
Mi novio se quedó en el auto, justo en la entrada, y yo me fui hasta la recepción.
– Bonjour, madame- dijo la recepcionista.
– Ehm, bonsoir- dijo la que hacía 8 años había dejado de estudiar francés pero se acordaba que el “jour” es para el día-. Ehm, parlez vous English?- “anglais” es el término correcto, por si se lo preguntaban.
– Yes, what can I do for you?
[Sí, qué puedo hacer por usted?]
– Hi! We have a Reservation for tonight, but we need to park das Auto-the car!
[Hola! Tenemos una reserva para esta noche, pero necesitamos estacionar das Auto-el auto!]
Me dio indicaciones de cómo llegar al estacionamiento y le agradecí con un alegre “danke beaucoup”. En el auto, Klaus me preguntó por qué me daba cabezazos contra el tablero.
Al estacionamiento se entra por una puerta de garage metida en un edificio, apenas señalizado. Se ingresa un código y aparecés en una playa de estacionamiento enorme, donde en una punta está el edificio de la recepción y en la otra la entrada de autos. Bizarre…
Estacionamos, volvimos al lobby, nos cobraron 9 euros por estacionar (voy a hablar con mi amigo Trivago sobre esto, nadie me había dicho nada!), cruzamos el estacionamiento hacia el otro edificio (menos mal que no llovía), subimos por ascensor al… quinto? tercer piso? Qué horror, fue hace una semana y ya me olvidé! cuestión que subimos a un piso, abrimos una puerta que daba a otras dos puertas en un minúsculo hallcito y en la de la derecha estábamos nosotros (de la de en frente salía mucho ruido, que por suerte una vez cerramos nuestra puerta no se escuchó nada más).
La habitación era un lujo para lo que pagamos: cama doble, persiana funcional, tele, mesa y dos sillas, armario, cocina con heladera, hornallas y agua caliente, cubiertos y platos para dos…
El baño era lo gracioso.
Era una caja gigante de plástico, probablemente de Ikea, con ducha a la izquierda, lavamanos en el centro e inodoro a la derecha, todo perfectamente colocado de forma tal que no choques nada, siempre y cuando midas menos de 1,70. Gracias a Dios por nuestros genes de enanismo latino, pero un europeo promedio debe de sufrir mucho ese lugar. Hacía muchísimo ruido cada vez que dabas un paso dentro, y si te sentabas en el inodoro ni te cuento, pero el agua tenía una presión de puta madre y salía hirviendo, qué más puede pedir uno?
Mientras yo me bañaba, Klaus se incursionó en la ciudad hacia el Carrefour que Google dijo que estaba cerca. Volvió cuando yo estaba en la tediosa tarea de encontrar algún canal en español en la tele, cantando “las callecitas de Estrasburgo tienen ese… qué sé yo…”.
Mientras él se bañaba, y yo me resignaba a ver La Ley y el Orden en francés, una olla con ravioles burbujeaba en la cocina.
Después de comer desplegamos sobre la cama los folletos que habíamos traído del lobby.
Con anterioridad había planeado lugares para visitar y demás, pero el plan era pasar medio día en Strasbourg, volver hacia casa y en el camino visitar Sarrebrücken, un plan con el que Klaus no estaba contento: la excursión al mejor estilo Uni Morón de ver por arriba muchas ciudades no le copaba, y prefería pasar todo el día en la ciudad francesa.
Así que después de seleccionar atractivos turísticos, pusimos la alarma a las 8 y nos fuimos a dormir.
Despertar a mi novio al día siguiente requirió de todo mi esfuerzo. Meterle chocolatada y galletitas por la boca sin ahogarlo fue más difícil.
Una hora después de sonada la alarma, con el check out hecho y el auto cargado, un apenas despierto Klaus enfiló el auto hacia nuestro primer destino del día: la Catedral.
La ciudad, ahora de día, sí se veía como todo lo ya visto en Alemania: enormes casas de techo a dos aguas, con vigas de madera por fuera, pequeñas calles laterales, bulevares con árboles en el centro… Y mi novio señalando y riéndose como loco cada vez que veía a un francés sosteniendo una baguette. Sos tan básico, amor…
Estacionamos en el estacionamiento subterráneo de la Plaza Gutenberg, a unos metros de la Plaza de la Catedral.
Subimos la escalera, cruzamos la calle y nos metimos por una callecita desde la cual ya se veía enorme, gótica y majestuosa la Catedral.
Cómo puede ser tan increíble la arquitectura gótica? Yo creo que me voy a hacer pis de la emoción cuando logre visitar Notre Dame…
Le sacamos fotos, nos sacamos fotos, todo entre adormilados puesteros que preparaban mesas en la plaza o displayers de souvenirs.
Y cuando se nos pasó la emoción de haber llegado a la Catedral, descubrimos que el primer lugar que íbamos a visitar estaba cerrado: la Oficina de Turismo.
Un cartel anunciaba que la nueva oficina estaba en la Plaza Gutenberg, arriba de donde habíamos estacionado. Volvimos sobre nuestros pasos, encontramos la oficina (que estaba detrás de la salida del estacionamiento, por eso no la vimos) y entramos.
– Bonjour!- saludó una mujer acomodando folletos sobre el mostrador.
– Bonjour! Parlez vous anglais ou Deutsch?- la palabra correcta hubiera sido “allemand”…
– Oui.
– Good! We would like to buy the Strasbourg Pass, bitte- please.
[Bien! Nos gustaría comprar el Strasbourg Pass, bitte- por favor]
El Strasbourg Pass lo habíamos descubierto entre nuestros folletos la noche anterior: incluye la visita a la Torre de la Catedral, la guiada al Reloj Astronómico, un paseo en bote, gratis la entrada a un museo a elección, 50% de descuento en la entrada a un
segundo museo a elección y algunas chucherías más. Sacando las cuentas, si hacíamos todas esas cosas, valían la pena los más de 20 euros por cabeza que salía el pase.
Pagamos, nos despedimos, y la señora de golpe nos dijo: recuerden que hoy nos cambiamos al horario de verano.
– Lo qué?
Así es! A partir del Domingo 26 de Marzo, los relojes en lugar de marcar las 9 marcan las 10… creo… Eso significaba que nuestro despertador sonó a las 8 que estaba programado, pero en lugar de las 8 ahora son las 9… o las 7? Cuando uno se adelanta- o en verano se atrasa?- quiere decir que si ayer eran las 9, hoy en realidad, al mismo momento, deberían ser, entonces, alrededor de las-
– What time is it right now?
[Qué hora es justo ahora?]
– 9.30.
Miré el celu. 9.28.
– Cellphones change automatically.
[Los celulares cambian automáticamente].
God Bless technology, agradecimos, nos despedimos y nos vimos. Y así fue que descubrimos por qué costó tanto despertarlo a Klausito…
Pagamos el estacionamiento, nos subimos al auto y nos fuimos a nuestro segundo destino del día, que no estaba en la ciudad de Estrasburgo, sino en…
Gertwiller!
(Si fuera un pueblo más conocido esta intro tendría más impacto, pero es lo que hay).

Glosario:

Bitche: no significa nada en francés, pero se pronuncia igual que “bitch” en inglés. Googleen si no me creen!
Bizarre: das ist Englisch, y en la actualidad se traduce como “bizarro” (no, abuela, no voy a tener esta discusión sobre la palabra bizarro de vuelta!).

Nota: Sobre el nombre de la ciudad.
Estrasburgo es español, Strasbourg es francés y Straßburg es en alemán. A mí me gusta usar siempre el nombre que va acorde a su idioma local (lo mismo que al famoso Rin le digo Rhein, o Múnich es München), pero depende la situación puedo llegar a usar otro idioma. Solo para aclarar que siempre hablamos de la misma ciudad!

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s