Weinwanderung

La primavera llegó (aunque el frío no parece haberse enterado) y con ella una nueva oleada de Dorffests.

Desde marzo que reviso constantemente los diarios y varios grupos de Facebook (a los que me uní por este motivo), a ver si encuentro anuncios de futuros Dorffests cerca de mi pueblo.
Dorffests son “fiestas del pueblo”. Recordarán que hace 11 meses atrás (Dios, ya 11 meses?!) eran Trending Topic en mis escritos: la Feria Medieval, la Kermés de Braunweiler, la de Sommerloch, entre otras. Por si no les recuerdan, son fiestas que se hacen en pueblos. Lisa y llanamente.
Algunas tienen temática, como las kermés, otras son simplemente “Mercado de Primavera” o “Hace 40 Años Vendimos Tortas Acá Para Juntar Plata Para Arreglar la Iglesia y Nos Copó la Idea Así que Nos Seguimos Juntando” (no es joda, este día conmemoramos eso). En general son todas lo mismo: a veces hay un escenario y viene una orquesta o una banda, chupamos vino y cerveza, comemos Wurst con papas y de postre Kuchen, a veces hay juegos. Más grandes o más chicos, en primavera todo es una buena oportunidad para juntarse y chupar. Eso es muy alemán.
Pero pocas cosas son tan alemanas como una Weinwanderung.
– Leíste ese cartel? Decía… Weinwanderung…
– Cómo voy a leer si voy manejando?!
– Nomehablesenesetono.
Llegué a casa, googleé (o “ecosié”, ahora que me pasé al lado verde del Hippieconosdeísmo y uso ecosia.org) y finalmente apareció: Bad Kreuznacher Weinwanderung, 29. April.
Pero… qué es una Weinwanderung?
Una Weinwanderung es un paseo por entre los viñedos y cultivos de Raps (unas hermosas y pintorescas flores amarillas), a pie (wanderung), en el cual se colocan stands donde se vende vino (Wein) y comida.
Exactamente: caminar y chupar al mismo tiempo. Para más alemanismos, sírvalo con cerveza.
El día era hermoso, excesivamente soleado, algo de viento fresco, 15°C de sensación térmica- es curioso cómo funciona el cuerpo humano, porque en Argentina con esa temperatura consideraba seriamente si sacarme el poncho, en cambio acá ando en remera.
No siendo muy amiga del vino y considerando que habíamos llegado en auto, me ofrecí amorosamente a no tomar. Pero igual mi novio tomó solo una copa, sentados los dos bajo los rayos del sol, en una colina verde, rodeados de borrachos felices con sus hijos y sus perros.
El recorrido habrá sido como mucho de 2 kilómetros, en redondo, y si bien hubo una subida en que le pedí amablemente a Klaus que siguiera sin mí y que le dijera a Margot que la amo y la extraño, fue una agradable caminata.
En un stand comimos, por supuesto, Wurst con papas, de nuestros amables amigos de Balzer, que empiezo a sospechar que nos siguen a todos lados. Balzer es una carnicería que nunca vi “in situ”, sino siempre en eventos de este tipo sirviendo comida.

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Campo de Raps, lejos de los stands y de todo!

Dos días después fue el Weinwanderung de St. Katharinen, donde por supuesto participaron los Gälweiler, a quienes fuimos a ver. Pero ellos tuvieron menos suerte.
Hacía un frío increíble y llovía a cántaros desde la madrugada, así que estaba todo cubierto de barro. Es el clima un impedimento para los alemanes a la hora de tomar? Fuck no!
Con botas de goma hasta las rodillas, campera y paraguas, mucha gente hizo todo el recorrido de principio a fin.
Este tenía una diferencia con respecto al de Bad Kreuznach; en la entrada al recorrido se vendían unos papeles a 12 euracos. Estos papelitos tenían una tabla con todos los stands del paseo, unos 6 u 8 aproximadamente. Por esos 12 euracos (me gusta decir euracos) podías tomar dos copas de vino en cada stand (el papel era para que los dueños fueran haciendo las cruces correspondientes mientras tomabas). O sea: 12 euracos pagabas por 12 o 14 copas de vino a elección.
También podías pagar en el stand directamente una copa, que podía salir entre 1 y 3 euracos (I did it again!), pero, se iban a perder los alemanes la posibilidad de chupar por tan módica suma? Y ahora que lo recuerdo, olvidé preguntar a dónde iba toda esa plata. Mis apuestas van hacia repartirla entre las viñas paticipantes y los bomberos voluntarios. Todo el tiempo juntamos plata para los voluntarios. Y lo vale, hay algunos bomberos alemanes que te recuerdan por qué se hacen calendarios con sus fotos… Ehm… sigamos.
Al final del recorrido, en la estancia de Miguel Rojo se servía comida. Claramente no se llama así; hace un año atrás el enano, en su afán de hablar alemán con su padre y español con su madre, le dijo a su madre que había visto pasar al señor Rojo, y su madre tardó un rato en darse cuenta que su hijo se refería a Michel Rot. Un clásico.
Por supuesto la comida era Wurst, aunque sin papas, pero había tortas varias para compensar semejante sacrilegio.
No paró de llover en ningún momento, sin embargo estuvo lleno de gente (en escala Dorf) y por supuesto la pasamos genial. Es que acaso un alma vieja como yo no se encuentra en el paraíso entre tanto vino y Wurst?

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