El Idioma y Yo IV

Empecé haciendo un cursito de una vez por semana en la Universidad de La Matanza.

La profesora era copada, los compañeros también, y todos éramos felices y aprendíamos contentos. Reforcé estos conocimientos con la ayuda de Duolingo, una App para aprender idiomas- mi experiencia con Duolingo? Buena para vocabulario, pero para mí se queda corta en gramática.
Pero aprender los números y los colores es siempre dichoso y sin complicaciones.
El bardo vino cuando empecé mi segundo nivel, ya radicada en Alemania.
Estudiar un idioma en su país de origen (o por lo menos en donde sea idioma oficial) implica que las clases son todo el tiempo en ese idioma.
Sabías los colores nomás? Andá a entender lo que dice la loca del pizarrón, que no se calla nunca y más encima pretende que le respondas.
Salí de mi primera clase con una migraña que no me dejaba respirar.
Hacer ejercicios de gramática requería primero traducir todo el encabezado, después ver qué hacían mis compañeros para comprobar si realmente había entendido… O descubrir que habíamos entendido mal todos.
Lograr entender lo que decían las grabaciones en los ejercicios de escucha era una odisea, y poder juntar tres palabras correctamente para responderle a la profe era un milagro.
Finalmente entendí por qué mis alumnos me odiaban tanto. Estar del otro lado del escritorio, cuando no entendés nada, es muy frustrante.
Pronto entendí que prestar atención en clase y hacer la tarea no iba a bastar. Iba a tener que poner más empeño.
Empecé con lo típico: hacer ejercicios extra. Conseguí un libro de ejercicios que era de mi novio, lo borré y lo empecé a hacer. Pero no estaba realmente motivada: hacía uno o dos y después el libro se guardaba por varias semanas.
Empecé a hablar alemán con quienes me rodeaban. Mi novio pronto se cansaba de las conversaciones monosilábicas y volvía al español.
Al marido de mi cuñada no le entendía nada, y me frustraba.
Y frustración para mí es igual a dejar de intentar.
Rendí los exámenes con poco entusiasmo, y si bien saqué buenas notas, sentía que mi capacidad de hablar y entender el idioma no era mejor que antes.
Durante las vacaciones post A2[1] me encerré en mi mundo en español y casi que me olvidé todo lo aprendido.
A la frustración se le sumaban los simpáticos comentarios de mi novio y su hermana, tales como “pero eso ya tendrías que saberlo”, “por qué no hablas más alemán?”, “cómo que no entiendes lo que dicen en la tele?!”, and so on. La pedagogía y empatía no fluye del todo bien por sus genes…
La amenaza creciente de la Visa venciéndose me llevó a tomar medidas extremas: buscar trabajo.
Estás frustrada porque no podés hablar un idioma? Imaginate trabajar usando solo ese idioma!
El primer día de prueba fue un reto agotador, pero lo superé. El segundo y el tercero también. Así, logré poner mi frustración a un lado y buscar otras maneras de estudio: Tándem Partners.
Para quienes no lo conozcan, Tándem Partner es una modalidad de estudio de idioma en la cual dos personas con lenguas maternas distintas se juntan a conversar mitad del tiempo en un idioma, mitad en el otro.
Mi novio me había sugerido hacer eso hace mucho tiempo, pero mi timidez y mi frustración me habían llevado a rechazar la idea. It was time to grow up! [Era hora de madurar!]
En un grupo en Facebook, llamado Tándem Partners Mainz, publiqué que buscaba alemán y ofrecía español nativo e inglés.
Me contactaron 10 personas en los siguientes dos días.
Muchos quedaron en la nada, pero con dos chicas nos juntamos entre dos y tres veces por semana.
Con una nos juntamos en la cafetería de la Universidad a almorzar. Ella necesita mejorar su inglés para su doctorado.
Con la otra nos juntamos en distintos cafés de Mainz. Necesita mejorar su inglés para su carrera universitaria.
Me junté dos veces con otra chica, que quería ser profesora de español, pero perdimos contacto.
Con una cuarta chica estamos todavía coordinando cuándo juntarnos.
(Nota: hay hombres también en la búsqueda de Tándem, pero a mí me contactaron solo dos, uno vivía muy lejos y con el otro no coincidían los horarios. Aclaro esto para que mis lectores masculinos no se frustren; la actividad no es puramente femenina!)
Ya van dos meses y medio desde que empecé con esta modalidad. Si bien no fue una mejora indescriptible de la noche a la mañana, sí siento que me ayudó muchísimo, y lo recomiendo un montón.
Otras recomendaciones: si se juntan con alguien y sienten que no hay “feeling”, despídanse amablemente y busquen otro compañero. No sirve de nada juntarse una vez por semana con alguien con quien no se sienten cómodos o que no les cae bien.
Busquen nativos o gente con nivel C1 en adelante. Que se pongan a guitarrear los dos no es el propósito del Tándem. Sociabilicen con quien quieran en el idioma que quieran, pero Tándem es Tándem. (Nota: en las grandes ciudades y universidades con muchos estudiantes extranjeros suelen organizar Sprachcafés: un bar o café donde se dividen mesas por idioma. Ese sí es un mejor lugar para sociabilizar!).
Otra, para los tímidos: piénsenlo como una clase más que como un momento para sociabilizar. No quiere decir que sean mala onda, pero cuando pensás que solo tenés que lograr que salgan palabras de tu boca en lugar de buscar caerle simpático al otro, es mucho más fácil.
Busquen hacer alguna actividad juntos. Sentarse y mirarse a los ojos intimida hasta a los más valientes. Busquen algún lugar donde caminar, algún lugar donde tomar un café, algo que no les imposibilite hablar (no se recomienda jugar al fútbol o escalar). Supe de una pareja que se juntaba en un curso de cocina. Yo prefiero juntarme a la hora del almuerzo, lo cual da muchos temas de conversación: cómo se dice esto en tu idioma, cuáles son las comidas típicas en tu ciudad, qué comen en Navidad…
Las Tándem me ayudaron a soltar un poco más la lengua, y descubrir que lo que dicen de los alemanes sobre los extranjeros es verdad: aprecian mucho cuando intentás hablarles en su idioma.
En general, tienen una enorme paciencia, y son muy respetuosos; muchos me han preguntado si me molestaba si me corregían (obviamente que aprecio mucho cuando me corrigen, así se aprende!), otros te corrigen sin preámbulo, pero no con mala intención. Te escuchan, realmente se esfuerzan por entenderte y por hacerse entender. Son muy capaces de dejar de lado su dialecto y hablarte en Hochdeutsch[2], y usar un montón de sinónimos y largas explicaciones para que puedas entender lo que tratan de decir. Son geniales!
(Nota: esto es mi experiencia en general, siempre van a encontrar ese forro que ni le interesa que le entiendas mi hacerse entender. La pelotudez humana atraviesa fronteras).
Pero eso no es todo…

Notas y Glosario:

1. A nivel internacional los idiomas se dividen en seis niveles: A1, A2, B1, B2, C1, C2. Cuenta la leyenda que el nivel C2 es difícil para los nativos. Dato de color: en las universidades alemanas, si sos extranjero, te exigen nivel B2-C1, dependiendo de la carrera. Para determinadas visas también te piden algún nivel específico, en general A2 o B1.
2. Hochdeutsch es el “Alto alemán”, el que se aprende en la escuela.

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